Competencias

Campeonato del Mundo 1947 - Paris - Parte 2

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El relato de Atilio de estas pruebas de Persecución Individual

"El torneo se inauguraba para mí con la prueba de Persecución Individual, en un día de intenso calor, con casi 40 grados el lunes 28 de julio de 1947. Yo me inscribí e intervine para aprovechar la contingencia de hacer un mejor entrenamiento, porque yo me estaba preparando para la prueba de ruta, competencia que se corría ocho días después.Era la primera vez que intervenía en esa especialidad en un torneo semejante.

En Persecución Individual se hacía una eliminatoria en la mañana para clasificar en los octavos de final, ya que había 28 inscriptos, yendo los catorce ganadores directamente a los octavos de final, luego seleccionando los dos mejores tiempos de los perdedores se integraban los 16 corredores que más tarde disputarían las pruebas de octavos de final. Me tocó competir en la tercera serie frente al holandés Gisseler, a quien alcancé a los dos kilómetros, pero tuve que seguir para registrar el tiempo de la prueba, un tiempo que fue de 5´22´´2/5. La verdad era que me encontraba muy bien y le di nomás al punto de que alcancé a mi rival en la mitad de la carrera...

Entre el público se encontraba Ferdinand Wanbts, un gran corredor ciclista francés que había corrido en Montevideo, él se acercó a hablar conmigo después de esa carrera: vos con ese tiempo estás entre los cuatro primeros...Yo no podía creer que estuviera entre los cuatro primeros corredores del mundo en Persecución Individual, ya el ganar una serie significaba mucho.

De tarde me tocó correr por segunda vez, ahora frente al holandés J. Gleseler. Era un rival temible. Luchamos bien los dos pero pude vencerlo estableciendo 5´22´´, es decir, mejorando en dos quintos el tiempo que había hecho en la mañana. Al finalizar la tarde había ocho corredores clasificados para disputar los cuartos de final, y entre esos ocho estaba yo, aunque fuese el primer asombrado y seguramente el más contento, porque una gran alegría me saltaba en el corazón.

Al día siguiente martes 29 de julio de 1947 me tocó un hombre que yo creí que iba a estar entre los primeros, el inglés Merrimer, porque era uno de los que había hecho un  gran tiempo en la serie que había corrido, le gané en una lucha intensa al punto que nuevamente mejoré el tiempo en que corrí, esta vez hice 5´21´´2/5.Y aquello fue la locura, de todos los uruguayos presentes, porque... me había clasificado para disputar la semifinal del Campeonato del Mundo en Persecución Individual.

El miércoles 30 de julio de 1947 se corrían la semifinal y la final. Era un hecho raro, un uruguayo en las finales de un campeonato del mundo. Un uruguayo junto a Guillement, de Francia, Andersen de Dinamarca y Benfenatti de Italia. Como los cuatro hombres mejores en el mundo en Persecución Individual. Para ellos acaso era lo natural porque se habían entrenado y habían llegado a París para intervenir en esa prueba. Pero para mí, que había hecho mi entrenamiento y había llegado a la capital de Francia para intervenir en la prueba de ruta, eso era algo sorprendente, y estaba allí de pronto, clasificado entre los cuatro primeros, todo había ocurrido en 48 horas.

Este francés Guillement, era un diablo que trataba de sacar todas las ventajas posibles. Por ejemplo se presentaba con un tubo desinflado y en plena prueba levantaba el brazo y la carrera se detenía, mientras el rival que había gastado un esfuerzo, tenía que volver a hacerlo cuando la carrera se reanudaba. En una palabra, era un hombre “mañoso” para correr, y por eso mismo bastante peligroso, aunque yo no lo miraba como el rival más difícil. Y quiso el azar que precisamente me tocara enfrentarlo a él en la semifinal. Guillement se presentó con uno de sus clásicos ardides, apareció con una bicicleta con cambios a realizar la prueba. Reglamentariamente no lo podía hacer porque no se puede correr con cambios. Hubo, claro una protesta de nuestra delegación que quiso hacer valer el precepto reglamentario que impedía cambio de multiplicación en la máquina.Protestamos hasta donde pudimos, pero no hubo caso y Guillement salió con su máquina con cambios. Fue cuando Tricotti me dijo algo que era una verdad muy grande y muy cierta: “Mirá Atilio, reglamentariamente vos tenés razón. Pero las protestas aquí no corren. Si te retirás perdés todo. Corré igual. Si te gana vos cumpliste y siempre tendrás derecho a decir que te jugaron sucio. Corré y metele, si ganás mejor y si perdés mala suerte”. Y corrí, que iba a hacer, corrí sabiendo que aquello era una tremenda trampa por encima del reglamento, Pero entre eliminarme solo y eliminarme en carrera, opté por esto último, prometiéndome dejar el alma antes de ceder terreno.Y fue una lucha, ¡qué lucha!, con la ventaja que significaba correr con cambios y yo dejando el alma en cada pedaleada. Centímetro a centímetro y metro a metro fui sacando ventajas. Oía confusamente los gritos del pequeño grupo de uruguayos: “Atilio!... Atilio!... Uruguay! Uruguay! Culminé con una ventaja de 50 metros en un tiempo que para mí fue excepcional, 5´16´´4/5.

Le había tocado a Benfenatti correr en primer término con el dinamarqués Andersen a quien batió, clasificándose así para la final. Me correspondía luego a mí, medirme con el francés Guillement, en esa lucha que ya he comentado. Y ocurrió que ese match final con Benfenatti tenía que correrlo 20 o 30 minutos después de haber competido con el francés y mientras yo tuve solo ese descanso de poco menos de media hora, Benfenatti se vino a beneficiar con un descanso mayor.

Señalo este detalle no para justificar mi derrota ante el italiano, que yo nada tenía que justificar luego de haber alcanzado el título de vicecampeón, cuando tres dias antes todos nos hubiéramos conformado con ganar aunque fuera una serie, en una especialidad que yo no iba a correr. Señalo este detalle porque la ventaja existió para Benfenatti, aunque no me cuesta nada admitir que igual me hubiera ganado, porque él había hecho en las series mejor tiempo que yo, él había hecho 5´14´´y yo 5´16´´. Claro está que los dos sentimos el esfuerzo que habíamos hecho para llegar a esa instancia final, no hicimos estos tiempos, es muy pequeño el descanso entre ambas pruebas, como ya he dicho se corre la final media hora después de la semifinal.

Confieso que afronté bien la lucha. Ahora sabía que era capaz de hacer una buena lucha, porque por algo estaba allí disputando la final del mundo. Si me ganaba era porque era mejor y nada más, porque achicado...¿de dónde? Si yo iba con todo, a lo gaucho, a entregar el alma pensando que acaso nunca más iba a tener una oportunidad como esa de tener un título mundial al alcance de la mano.Por otra parte, el aliento de los muchachos que estaban en el Parque de los Príncipes, me tiraban desde las tribunas, un pedazo del Uruguay querido que estaría esperando. Salimos a muerte, eran nueve vueltas en 4090 metros y hasta la mitad la lucha fue pareja, sin que ninguno de los dos pudiera sacar la mínima ventaja. Pero a partir de allí, percibí que me iba sacando ventajas y a pesar de que hice todo el esfuerzo que es de imaginar fundiendo todas mis fuerzas, no pude impedir que se me fuera y al final me ganó por 40 o 50 metros, tanto más que ya en la última vuelta, viendo que era imposible descontar ventajas, mi esfuerzo debe haber decrecido en algo. Pero me ganó y no tengo disculpas que oponer, confieso sinceramente que Benfenatti esa tarde fue mejor que yo nada más. Todo fue limpio y honrado. Todo fue deportivo, luchamos y me ganó. Y fíjense como habrían hecho mella en nuestros físicos los esfuerzos anteriores que el hizo 5´20´´2/5 y yo 5´27´´.

 

Himno-PDP-1947

Ejecución del Himno Nacional en el palco con las siglas 

de la Federación Francesa de Ciclismo y de la Unión Ciclista Internacional

De cualquier modo la clasificación me llenó de satisfacción y los muchachos vivieron en las tribunas la emoción de esa lucha tremenda y dramática para todos. Nos abrazamos acaso llorando y gritando, luego vinieron las ceremonias de coronación de los vencedores.Se izaron las banderas y se tocaron los himnos. Y claro ocurrió lo que ocurre siempre en Europa. Por tremenda imprevisión porque sabían que esa tarde yo disputaba la semifinal con posibilidades de clasificarme, no tenían ni la partitura, ni el disco con el himno nacional, así que cuando correspondió la ejecución de nuestra canción Patria, los muchachos lo cantaron.
 
Vuelta-final-PDP-1947
 
La vuelta a la pista de los tres primeros en Persecución Individual del Campeonato del Mundo 1947
a la izquierda Benfenatti (Italia), al medio Andersen (Dinamarca)y a la derecha Atilio François (Uruguay)

Me quedé satisfecho porque yo no me había ido a correr Persecución Individual sino a hacer la prueba de ruta. No era especialista en persecución y ese segundo puesto colmaba mis aspiraciones y la de todos mis compañeros. Y la delegación se sentía feliz porque con ello había cumplido, había justificado el viaje a Europa. Fue el 30 de julio de 1947, otro 30 de julio en 1930, Uruguay había ganado el primer Campeonato Mundial de Fútbol en el estadio centenario de Montevideo, 17 años después una camiseta celeste como aquellas de los campeones de Nazzasi, estuvo luchando por un título mundial. No pudo ser, pero estuvo allí, cayendo con todos los honores, porque en deporte después de todo, no solo cuenta la victoria. Cuando llega claro está, mejor que mejor. Pero cuando se pierde luchando, la derrota es honrosa. Y yo sabía que había luchado con todas mis fuerzas, con toda mi alma..."

Fuente: archivo D.F.

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